Hace 50 años hubo un terremoto de papel que acabaría siendo clave en el derribo del edificio de una dictadura. La primera edición de Archipiélago Gulag fue publicada en ruso por la editorial francesa Éditions du Seuil unos días después de la navidad de 1973, tras un año en el que el KGB había pasado persiguiendo el manuscrito por todo el país: incluso seapoderó de una de las tres únicas copias existentes del texto que aún se encontraban en suelo soviético, después de interrogar a Elizaveta Voronyanskaya, una de las mecanógrafas de confianza de Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn. Voronyanskaya aparecería ahorcada días después.
Conmocionado, Solzhenitsyn dio entonces luz verde a la publicación del texto en el extranjero. La obra había sido terminada en 1968. El manuscrito de Archipiélago Gulag fue microfilmado y entregado de contrabando al principal representante legal de Solzhenitsyn, Fritz Heeb, un aburrido abogado en Zurich.
El profesor y traductor Georges Nivat, que conoció a Solzhenitsyn, ha consagrado su vida al estudio de una obra que nos habla sobre la URSS pero también sobre lo universal. "Es una historia del Gulag, que fue creado por Lenin en los años 20 y fue desarrollado por Stalin en los años 40 y prolongado por Nikita Jrushchov, ya no como una factoría de muerte", explica a PAPEL. El pasado, sin embargo, vuelve "y hoy de nuevo tenemos condenados a 20 o 25 años, Stalin alcanzó estos niveles durante la guerra. Tenemos la violencia de octubre entre Israel y Gaza, la violencia de Rusia contra Ucrania, un presente muy violento, como el de Archipiélago Gulag, que es un libro inmenso sobre la historia, las víctimas, los héroes".
La obra de Solzhenitsyn "nos ayuda en este momento para entender lo que es el ser humano, ver la imagen de Dios en el ser humano", explica Nivat, que acaba de publicar en español El fenómeno Solzhenitsyn (Ediciones del Subsuelo), un ensayo que describe el nacimiento de un disidente, el prodigioso trabajo del autor, la vigencia de sus obras y su visión del descarrilamiento de la historia rusa. Esta nueva edición ha tenido en cuenta las observaciones que el propio Solzhenitsyn transmitió a Nivat.
La publicación del Archipiélago Gulag llevó al Kremlin a expulsar al premio Nobel de la Unión Soviética y despojarlo de la ciudadanía en 1974 (así pudo recoger el Nobel que había ganado en 1970), pero fue una grieta deslumbrante en el sistema, circulando de manera clandestina de mano en mano. Por lo general, a los lectores sólo se les daba 24 horas para terminar el extenso manuscrito antes de pasarlo a la siguiente persona.
El libro describe el sistema de campos de trabajos forzados que operó en la Unión Soviética desde 1918 hasta 1956, pero el mundo tardó en despertar a su realidad. Muchos intelectuales occidentales consideraban que el sistema de campos de prisioneros soviéticos era sólo una aberración estalinista. Pero Solzhenitsyn perfila los orígenes teóricos, legales y prácticos del sistema Gulag a Lenin, no a Stalin. Solzhenitsyn chocó dos veces contra el sistema: primero como preso, y luego como el autor que estableció minuciosamente cómo el Gulag no fue una desviación durante la trayectoria hacia la utopía comunista, sino un producto inevitable del proyecto bolchevique. Resulta que asaltar los cielos y picar hielo en Vorkuta iba todo en el mismo paquete.
El libro contrarió tanto a ciertas ramas de la izquierda europea que Jean-Paul Sartre describió a Solzhenitsyn como un "elemento peligroso". Juan Benet lo señaló como una muestra de que los campos de trabajo "eran necesarios" para "personas como él". En palabras del filósofo francés Bernard Henri-Levy, el libro provocó "un terremoto mundial", derritiendo el "sueño comunista en el horno de un libro". Los hechos narrados golpean en la cara: algunos campos de detención estaban en zonas tan inhóspitas que no necesitaban alambradas, el frío polar fue un silencioso verdugo de las autoridades similar al gas Zyklon B de los nazis, cientos de miles de detenciones compitieron año a año por ser la más absurda (en el caso del autor, por unas cartas), mientras los mosquitos y las enfermedades finalizaban el trabajo de los verdugos estatales.
EL MANUSCRITO CLANDESTINO
Debido a que la posesión del manuscrito implicaba el riesgo de una larga sentencia de prisión por "actividades antisoviéticas", Solzhenitsyn, que estaba vigilado por el KGB, nunca trabajó con el manuscrito completo delante de sus ojos. Lo tenía desperdigado por casas de amigos por Moscú, como el violonchelista Mstislav Rostropovich. Cuando iba de visita, en realidad muchas veces se sentaba a trabajar en su relato más peligroso.
El libro fue publicado por primera vez en la URSS en 1990 al calor de la perestroika de Mijaíl Gorbachov. Después de regresar del exilio en Estados Unidos en 1994, Solzhenitsyn expresó su decepción porque la mayoría de los rusos apenas lo habían leído. Sin embargo, Nivat escribe en su libro que "en lo que se refiere al hundimiento del comunismo soviético, sin duda Solzhenitsyn fue uno de los grandes artífices". En su libro los últimos soviéticos hallaron el recorrido típico por el Gulag de un zek, que era el término del argot para referirse a un recluso. Viene derivado de la abreviatura ampliamente utilizada 'z/k' para zakliucheny, que significa prisionero.
Leer Archipiélago Gulag es asomarse a la vida promedio de un preso, así como eventos notables durante la historia del sistema del Gulag (que deriva de Glavnoe Upravlenie ispravitelnotrudovij LAGerei, que significa Administración Principal de los Campos de Trabajo Correctivo), incluidas revueltas y levantamientos, pero también traiciones y bajezas a ambos lados de la alambrada.
En estos días las noticias vuelve a imitar a los libros en un momento en el que el principal disidente ruso, Alexei Navalny, está desaparecido en las sentinas del sistema penitenciario ruso, en lo que parece ser otro largo traslado de una cárcel a otra para cumplir una condena de varias décadas que, a no ser que acabe el régimen, puede ser una muerte en vida.
Como un Sísifo que hubiera subido su primera roca, Solzhenitsyn —nacido un año después de la Revolución bolchevique— se enfrentó a la segunda, más pesada todavía: contar la verdadera historia de la Revolución rusa. Ahí dejó una especie de aviso escrito: afirmaba que, aunque ya se habían detenido muchas prácticas represoras, la estructura básica del sistema había sobrevivido y podría ser revivida y ampliada por futuros líderes del país.
Solzhenitsyn fue crítico con la democracia occidental, con el cinismo materialista del fin de la URSS y con el primer presidente ruso, Boris Yeltsin. En la etapa final de su vida, pareció conformarse con el nuevo líder, Vladimir Putin, aunque le pareció intolerable que volviese la música del himno soviético: aunque la letra hubiese cambiado, no quería ponerse firme ante el son de la dictadura que lo golpeó una y otra vez. Al fin y al cabo, como recuerda Michael Scammel, autor de Solzhenitsyn: A Biography, lo que este premio Nobel soviético defendía "era un líder fuerte, que mantuviera un orden estricto en el país, alentara un mayor apoyo religioso y estatal a la iglesia ortodoxa, junto con un patriotismo revitalizado y un retorno a los valores tradicionales".
Hubo de hecho un momento en el que el último Solzhenitsyn abrazó al primer putinismo y el primer putinismo abrazó a Solzhenitsyn. Un año después de la muerte del autor, a partir de 2009, las escuelas rusas incluyeron el libro como lectura obligatoria. Vladimir Putin incluso calificó el texto de "muy necesario", un piropo inesperado por parte de un ex coronel de la KGB. La organización de derechos humanos Memorial acogió con satisfacción el respaldo de las autoridades rusas al libro. Hoy Memorial ha sido ilegalizada, pero en su última estimación tras el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania hablaba de más de 1.000 presos políticos en toda Rusia.
El pasado mes de octubre, el presidente de la cámara baja del parlamento de Rusia, Vyacheslav Volodin, clamó que los rusos que abandonan el país y apoyan a Ucrania "deberían ser enviados a Magadán" si alguna vez regresan a Rusia. Todo el mundo lo entendió: Magadán es precisamente la región del lejano oriente conocida por sus campos de prisioneros del Gulag. Otro diputado del partido gubernamental Rusia Unida ha propuesto retirar del currículum escolar la gran obra de Solzhenitsyn.
"Aquel era otro Putin", dice Nivat hablando de ese coqueteo entre ambos. Cree que "es inútil intentar pensar qué diría Solzhenitsyn sobre la guerra que ha lanzado el presidente ruso, que es lo peor que ha hecho, y va a tener consecuencias para varias generaciones".
EL DISIDENTE, CULPABLE
La invasión de Ucrania por parte de Rusia, reclamando sus derechos sobre sus territorios históricos, ha puesto a Solzhenitsyn en el disparadero. El escritor y crítico Tomiwa Owolade señala que "aunque Solzhenitsyn fue un héroe en Occidente, ayudó a inspirar en Putin un destructivo escepticismo sobre el estatus de Ucrania como nación". Nivat disputa la idea señalando que en sus textos describe a los nacionalistas ucranianos y admira su coraje. "No simpatiza con sus ideas, pero respeta su idea de su propia nación".
Cree que hay que situarlo en su contexto y tener en cuenta las veces que dice "que los rusos se olvidaron de la realidad de su nación, que la catástrofe fue el imperialismo, o sus críticas a Catalina la Grande, que tomó el último trozo de Polonia y Crimea". Por eso "la idea de que Solzhenitsyn es un ciego nacionalista es falsa", y cita el ejemplo de cuando, residiendo en América, desde Toronto la diáspora ucraniana lo invitó a su asamblea. De hecho Solzhenitsyn escribió que "si un líder estúpido empieza una guerra contra Ucrania no sólo no participaré sino que prohibiré a mis hijos ir".
Es cierto, sin embargo, que Solzhenitsyn apostó por la unión de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. "Pero no una guerra sobre esto", responde Nivat, que recuerda que el autor "era medio ucraniano y creció en Rostov, que está muy cerca de Ucrania, y hay muchos pasajes en los que acusa a los rusos, mientras que una gente a la que alaba todo el rato es a los estonios, diciendo que ningún estonio ha sido un hombre malo".
Leer hoy a Solzhenitsyn nos deja una pregunta: ¿Cómo puede volver el Gulag? "Una de sus principales ideas es que la gente en Rusia es muy pasiva, apoya las cosas durante mucho tiempo, pero que no es su culpa, que es la ideología del marxismo, que la ideología es siempre tiránica", explica Nivat. Al principio, Solzhenitsyn "era un marxista entusiasta, lo confesó; su madre era ortodoxa, pero no tomó a su hijo en su fe, porque sabía que sería malo para su futuro". En los años 30, "es un estudiante marxista, pero ya con dudas sobre cómo el marxismo era implementado en Rusia", porque en esa época comienzan las grandes purgas y "decenas de técnicos fueron acusados de trabajar para América o Japón".
El Solzhenitsyn marxista no lo creía, pero le costó abrir sus ojos. Hacía falta recibir el golpe en primera persona. Fue con su arresto en febrero de 1945, cuando fue acusado de actividades antisoviéticas y fue rápidamente sentenciado a ocho años de trabajos forzados por criticar a Stalin y al ejército soviético en cartas a un amigo de la escuela que, igual que él, luchaba en el frente.
Leer Archipiélago Gulag hoy es asomarse a esa grieta molestamente deslumbrante que nos muestra que nuestra pérdida de libertad empieza primero manifestándose en el infortunio de los demás.
50 años de 'Archipiélago Gulag'
Hace 50 años hubo un terremoto de papel que acabaría siendo clave en el derribo del edificio de una dictadura. La primera edición de Archipiélago Gulag fue publicada en ruso por la editorial francesa Éditions du Seuil unos días después de la navidad de 1973, tras un año en el que el KGB había pasado persiguiendo el manuscrito por todo el país: incluso se apoderó de una de las tres únicas copias existentes del texto que aún se encontraban en suelo soviético, después de interrogar a Elizaveta Voronyanskaya, una de las mecanógrafas de confianza de Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn. Voronyanskaya aparecería ahorcada días después.
Conmocionado, Solzhenitsyn dio entonces luz verde a la publicación del texto en el extranjero. La obra había sido terminada en 1968. El manuscrito de Archipiélago Gulag fue microfilmado y entregado de contrabando al principal representante legal de Solzhenitsyn, Fritz Heeb, un aburrido abogado en Zurich.
El profesor y traductor Georges Nivat, que conoció a Solzhenitsyn, ha consagrado su vida al estudio de una obra que nos habla sobre la URSS pero también sobre lo universal. "Es una historia del Gulag, que fue creado por Lenin en los años 20 y fue desarrollado por Stalin en los años 40 y prolongado por Nikita Jrushchov, ya no como una factoría de muerte", explica a PAPEL. El pasado, sin embargo, vuelve "y hoy de nuevo tenemos condenados a 20 o 25 años, Stalin alcanzó estos niveles durante la guerra. Tenemos la violencia de octubre entre Israel y Gaza, la violencia de Rusia contra Ucrania, un presente muy violento, como el de Archipiélago Gulag, que es un libro inmenso sobre la historia, las víctimas, los héroes".
La obra de Solzhenitsyn "nos ayuda en este momento para entender lo que es el ser humano, ver la imagen de Dios en el ser humano", explica Nivat, que acaba de publicar en español El fenómeno Solzhenitsyn (Ediciones del Subsuelo), un ensayo que describe el nacimiento de un disidente, el prodigioso trabajo del autor, la vigencia de sus obras y su visión del descarrilamiento de la historia rusa. Esta nueva edición ha tenido en cuenta las observaciones que el propio Solzhenitsyn transmitió a Nivat.
La publicación del Archipiélago Gulag llevó al Kremlin a expulsar al premio Nobel de la Unión Soviética y despojarlo de la ciudadanía en 1974 (así pudo recoger el Nobel que había ganado en 1970), pero fue una grieta deslumbrante en el sistema, circulando de manera clandestina de mano en mano. Por lo general, a los lectores sólo se les daba 24 horas para terminar el extenso manuscrito antes de pasarlo a la siguiente persona.
El libro describe el sistema de campos de trabajos forzados que operó en la Unión Soviética desde 1918 hasta 1956, pero el mundo tardó en despertar a su realidad. Muchos intelectuales occidentales consideraban que el sistema de campos de prisioneros soviéticos era sólo una aberración estalinista. Pero Solzhenitsyn perfila los orígenes teóricos, legales y prácticos del sistema Gulag a Lenin, no a Stalin. Solzhenitsyn chocó dos veces contra el sistema: primero como preso, y luego como el autor que estableció minuciosamente cómo el Gulag no fue una desviación durante la trayectoria hacia la utopía comunista, sino un producto inevitable del proyecto bolchevique. Resulta que asaltar los cielos y picar hielo en Vorkuta iba todo en el mismo paquete.
El libro contrarió tanto a ciertas ramas de la izquierda europea que Jean-Paul Sartre describió a Solzhenitsyn como un "elemento peligroso". Juan Benet lo señaló como una muestra de que los campos de trabajo "eran necesarios" para "personas como él". En palabras del filósofo francés Bernard Henri-Levy, el libro provocó "un terremoto mundial", derritiendo el "sueño comunista en el horno de un libro". Los hechos narrados golpean en la cara: algunos campos de detención estaban en zonas tan inhóspitas que no necesitaban alambradas, el frío polar fue un silencioso verdugo de las autoridades similar al gas Zyklon B de los nazis, cientos de miles de detenciones compitieron año a año por ser la más absurda (en el caso del autor, por unas cartas), mientras los mosquitos y las enfermedades finalizaban el trabajo de los verdugos estatales.
EL MANUSCRITO CLANDESTINO
Debido a que la posesión del manuscrito implicaba el riesgo de una larga sentencia de prisión por "actividades antisoviéticas", Solzhenitsyn, que estaba vigilado por el KGB, nunca trabajó con el manuscrito completo delante de sus ojos. Lo tenía desperdigado por casas de amigos por Moscú, como el violonchelista Mstislav Rostropovich. Cuando iba de visita, en realidad muchas veces se sentaba a trabajar en su relato más peligroso.
El libro fue publicado por primera vez en la URSS en 1990 al calor de la perestroika de Mijaíl Gorbachov. Después de regresar del exilio en Estados Unidos en 1994, Solzhenitsyn expresó su decepción porque la mayoría de los rusos apenas lo habían leído. Sin embargo, Nivat escribe en su libro que "en lo que se refiere al hundimiento del comunismo soviético, sin duda Solzhenitsyn fue uno de los grandes artífices". En su libro los últimos soviéticos hallaron el recorrido típico por el Gulag de un zek, que era el término del argot para referirse a un recluso. Viene derivado de la abreviatura ampliamente utilizada 'z/k' para zakliucheny, que significa prisionero.
Leer Archipiélago Gulag es asomarse a la vida promedio de un preso, así como eventos notables durante la historia del sistema del Gulag (que deriva de Glavnoe Upravlenie ispravitelnotrudovij LAGerei, que significa Administración Principal de los Campos de Trabajo Correctivo), incluidas revueltas y levantamientos, pero también traiciones y bajezas a ambos lados de la alambrada.
En estos días las noticias vuelve a imitar a los libros en un momento en el que el principal disidente ruso, Alexei Navalny, está desaparecido en las sentinas del sistema penitenciario ruso, en lo que parece ser otro largo traslado de una cárcel a otra para cumplir una condena de varias décadas que, a no ser que acabe el régimen, puede ser una muerte en vida.
Como un Sísifo que hubiera subido su primera roca, Solzhenitsyn —nacido un año después de la Revolución bolchevique— se enfrentó a la segunda, más pesada todavía: contar la verdadera historia de la Revolución rusa. Ahí dejó una especie de aviso escrito: afirmaba que, aunque ya se habían detenido muchas prácticas represoras, la estructura básica del sistema había sobrevivido y podría ser revivida y ampliada por futuros líderes del país.
Solzhenitsyn fue crítico con la democracia occidental, con el cinismo materialista del fin de la URSS y con el primer presidente ruso, Boris Yeltsin. En la etapa final de su vida, pareció conformarse con el nuevo líder, Vladimir Putin, aunque le pareció intolerable que volviese la música del himno soviético: aunque la letra hubiese cambiado, no quería ponerse firme ante el son de la dictadura que lo golpeó una y otra vez. Al fin y al cabo, como recuerda Michael Scammel, autor de Solzhenitsyn: A Biography, lo que este premio Nobel soviético defendía "era un líder fuerte, que mantuviera un orden estricto en el país, alentara un mayor apoyo religioso y estatal a la iglesia ortodoxa, junto con un patriotismo revitalizado y un retorno a los valores tradicionales".
Hubo de hecho un momento en el que el último Solzhenitsyn abrazó al primer putinismo y el primer putinismo abrazó a Solzhenitsyn. Un año después de la muerte del autor, a partir de 2009, las escuelas rusas incluyeron el libro como lectura obligatoria. Vladimir Putin incluso calificó el texto de "muy necesario", un piropo inesperado por parte de un ex coronel de la KGB. La organización de derechos humanos Memorial acogió con satisfacción el respaldo de las autoridades rusas al libro. Hoy Memorial ha sido ilegalizada, pero en su última estimación tras el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania hablaba de más de 1.000 presos políticos en toda Rusia.
El pasado mes de octubre, el presidente de la cámara baja del parlamento de Rusia, Vyacheslav Volodin, clamó que los rusos que abandonan el país y apoyan a Ucrania "deberían ser enviados a Magadán" si alguna vez regresan a Rusia. Todo el mundo lo entendió: Magadán es precisamente la región del lejano oriente conocida por sus campos de prisioneros del Gulag. Otro diputado del partido gubernamental Rusia Unida ha propuesto retirar del currículum escolar la gran obra de Solzhenitsyn.
"Aquel era otro Putin", dice Nivat hablando de ese coqueteo entre ambos. Cree que "es inútil intentar pensar qué diría Solzhenitsyn sobre la guerra que ha lanzado el presidente ruso, que es lo peor que ha hecho, y va a tener consecuencias para varias generaciones".
EL DISIDENTE, CULPABLE
La invasión de Ucrania por parte de Rusia, reclamando sus derechos sobre sus territorios históricos, ha puesto a Solzhenitsyn en el disparadero. El escritor y crítico Tomiwa Owolade señala que "aunque Solzhenitsyn fue un héroe en Occidente, ayudó a inspirar en Putin un destructivo escepticismo sobre el estatus de Ucrania como nación". Nivat disputa la idea señalando que en sus textos describe a los nacionalistas ucranianos y admira su coraje. "No simpatiza con sus ideas, pero respeta su idea de su propia nación".
Cree que hay que situarlo en su contexto y tener en cuenta las veces que dice "que los rusos se olvidaron de la realidad de su nación, que la catástrofe fue el imperialismo, o sus críticas a Catalina la Grande, que tomó el último trozo de Polonia y Crimea". Por eso "la idea de que Solzhenitsyn es un ciego nacionalista es falsa", y cita el ejemplo de cuando, residiendo en América, desde Toronto la diáspora ucraniana lo invitó a su asamblea. De hecho Solzhenitsyn escribió que "si un líder estúpido empieza una guerra contra Ucrania no sólo no participaré sino que prohibiré a mis hijos ir".
Es cierto, sin embargo, que Solzhenitsyn apostó por la unión de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. "Pero no una guerra sobre esto", responde Nivat, que recuerda que el autor "era medio ucraniano y creció en Rostov, que está muy cerca de Ucrania, y hay muchos pasajes en los que acusa a los rusos, mientras que una gente a la que alaba todo el rato es a los estonios, diciendo que ningún estonio ha sido un hombre malo".
Leer hoy a Solzhenitsyn nos deja una pregunta: ¿Cómo puede volver el Gulag? "Una de sus principales ideas es que la gente en Rusia es muy pasiva, apoya las cosas durante mucho tiempo, pero que no es su culpa, que es la ideología del marxismo, que la ideología es siempre tiránica", explica Nivat. Al principio, Solzhenitsyn "era un marxista entusiasta, lo confesó; su madre era ortodoxa, pero no tomó a su hijo en su fe, porque sabía que sería malo para su futuro". En los años 30, "es un estudiante marxista, pero ya con dudas sobre cómo el marxismo era implementado en Rusia", porque en esa época comienzan las grandes purgas y "decenas de técnicos fueron acusados de trabajar para América o Japón".
El Solzhenitsyn marxista no lo creía, pero le costó abrir sus ojos. Hacía falta recibir el golpe en primera persona. Fue con su arresto en febrero de 1945, cuando fue acusado de actividades antisoviéticas y fue rápidamente sentenciado a ocho años de trabajos forzados por criticar a Stalin y al ejército soviético en cartas a un amigo de la escuela que, igual que él, luchaba en el frente.
Leer Archipiélago Gulag hoy es asomarse a esa grieta molestamente deslumbrante que nos muestra que nuestra pérdida de libertad empieza primero manifestándose en el infortunio de los demás.