"La meditación, la relajación, el pensamiento positivo... todo eso está muy bien para mentes entrenadas, pero como primera maniobra de la gente que realmente sufre por pensar demasiado no funciona, porque no lo sabe hacer e, incluso, le empeora y hace daño. Yo siempre digo que la rumiación es el mal de las buenas personas", explica Júlia Pascual (Barcelona, 23 de julio de 1984), autora de No te comas el coco. 10 psicosoluciones para salir de las trampas de la mente (Ed. Vergara).
La imposibilidad de la mente en blanco
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que "intentar no pensar en algo es pensarlo más", cuenta esta psicóloga sanitaria. "Para muestra, el dicho de no pienses en un elefante blanco. ¿A que estás pensando en él?". Cuando intentamos evitar un pensamiento, terminamos reforzándolo. "Dejar la mente en blanco es prácticamente imposible".
Nuestro cerebro está en constante actividad, incluso cuando dormimos, ya sea procesando información o generando sueños. "Por eso, intentar forzar un vacío mental, especialmente si eres una persona que sobrepiensa, puede ser contraproducente. En psicoterapia, dependiendo de cada persona, se aplica el llamado efecto paradójico, que consiste en enfrentar los pensamientos temidos y mirarlos de frente. Este enfoque ayuda a reducir el miedo y a convivir con ellos sin que se conviertan en un peso".
Los estudios dicen que podemos llegar a tener entre 6.000 y 70.000 pensamientos al día. De ellos, entre el 90 y 95% son involuntarios. Y un 80% se perciben como negativos, indica Pascual en su libro. "Vivimos en una sociedad cada vez más planificada y organizada, con menos riesgo. Cuando la mente lanza una pregunta extraña y tú eres consciente, te asusta. ¿Y si mi hijo no tiene merienda en la excursión porque se me ha olvidado? ¿Y si me echan del trabajo por ese error? El exceso de control nos hace perder el control con más trastornos de ansiedad".
La vía de escape de darl vueltas infinita
Las redes sociales funcionan de idéntica manera, alerta la psicóloga. "Estoy preocupada. Me meto en Instagram o TikTok y mi mente se calma. Volverán a venir esos pensamientos y tendré que volver a las redes sociales. Si continuamente utilizas esa solución, crearás un nuevo problema. Lo vemos en los jóvenes que intentan escapar a través de la pornografía. No soluciona la rumiación y crea un trastorno más grande".
Si piensas en el futuro, te angustia. Si piensas en el pasado, te deprime. ¿Qué hemos de hacer? "Aprender a anclarse en las acciones del presente, porque los pensamientos nos engañan todo el tiempo; a menudo no tienen nada que ver con la realidad. La única manera de darles la vuelta es decidir qué hacemos con esos pensamientos que sobrevuelan en nuestra cabeza: dejarlos pasar para que aparezcan otros nuevos o escribirlos en una libreta y que se queden ahí, con distancia emocional, para no seguir jugando al comecocos".
Acciones presentes
La mente funciona de la siguiente manera, especifica Pascual: "Mira atrás para aprender y no volver a cometer los mismos errores. Y adelante para prevenir cualquier desgracia, anticipar las ideas y por pura supervivencia. En definitiva, la mente no es nuestra enemiga, sino una aliada, pero hay que saber entrenarla". ¿Por qué se les llama entonces pensamientos trampa? "Porque nos intranquilizan y la mente lo que busca es la seguridad. Tenemos que atrevernos a aceptar esa incertidumbre que forma parte de la vida".
Pascual pide a sus pacientes poner nombre a los problemas para separar sus pensamientos de ellos mismos. "Mi Pepito Grillo, el saboteador interno, mi triki triki, como tú quieras. El caso es dejar de alimentar a ese comecocos con más bolitas, porque nos va devorando por dentro". ¿Cómo? "Atreviéndose a identificar esas preguntas que nos obsesionan y calmándonos con escritura terapéutica". De lo contrario, seguiremos sin enterarnos de nada en esa reunión o sin escuchar a la persona que tenemos delante. "Reflexionar sí, rumiación no, porque es ese mastique, trague, trague, mastique de la canción de Shakira. Se nos hace bola".
Casos prácticos
Hay personas que tienen la capacidad de abstraerse de esos pensamientos que no han elegido. Se ríen de ello y no lo combaten ni se recrean. Pascual explica el caso de su paciente Isabel, quien se encuentra a su marido siéndole infiel, un hecho traumático y doloroso para ella. "Compartirlo puede ser positivo en primera instancia para aliviarse, pero siempre llega un punto en el que, para integrar una mala experiencia y digerirla, hay que hacerlo en primera persona, porque nadie lo va a hacer por nosotros". Así que de nada sirve levantar el teléfono y poner la cabeza como un bombo a esa fiel amistad. "Es la psicosolución que llamo cerrar el pico para silenciar nuestro ruido mental dejando de repetir lo mismo".
Las dudas patológicas o pensamientos tabú nos pueden llevar de la angustia a la depresión, como le sucedió a su paciente María. "Ser madre primeriza puede ser muy estresante, aunque es muy bonito. Pueden venir de pronto pensamientos intrusivos pese a adorar a nuestra criatura: 'Tíralo por la ventana que no se calla, ahógalo'. Absolutamente contradictorio con lo que ella siente: un amor increíble. Mucha gente lo vive como algo muy malo y prohibido, les hace daño. Recomiendo que esto se mantenga en silencio, y sólo pedir ayuda a un terapeuta especializado en pensamientos intrusivos y en fobias de impulsión".
También pasa conduciendo. De pronto, puedes pensar que vas a tener un accidente y hasta visualizarte muriendo. "He querido dar voz a este tipo de pensamientos intrusivos porque son más comunes de lo que imaginamos, no es que tengas que ser un psicópata, y hay solución".
Los pensamientos catastróficos corren el riesgo de convertirse en profecías autocomplidas si nos rendimos ante ellas, apunta. "La confianza es nuestro escudo protector y el antídoto frente a ellas". Un ejemplo, cuando nos encontramos una peca e inmediatamente pensamos que va a ser cáncer de piel. "La mente nos lanza un pensamiento de prevención pero, si no lo gestionamos bien, como les sucede a las personas hipocondríacas, nos puede llevar a no dejar de ir al médico y, al final, quien busca encuentra o nos puede llevar a tratamientos que no necesitamos".
Seres de acción
El lobo blanco, el positivo, y el lobo negro, el negativo, tienen que estar equilibrados para poder avanzar. "Montaigne dice que el miedo es lo que más miedo da. Sufrimos más una enfermedad grave del familiar que cuando llega su hora. Descartes dice que su vida estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron. ¿Y si suceden? La experiencia es que se vive con mucha más valentía de lo que uno se imaginaba". Tanto estudiar Psicología para acabar diciendo "mueve tu cuerpo para calmar tu coco", bromea. "Suda tus pensamientos obsesivos es mi prescripción favorita. Ya sea caminando en un baño de bosque o poniéndote a ordenar la casa con música. Pero ponte en acción. Ser una persona sedentaria te hace comerte más el coco. Si quieres menos runrún, haz más run run. Actúa y no pienses más".
¿Un último consejo para empezar a tomar acción y que no nos domine la ansiedad? "Desacelérate durante cinco minutos cada hora en punto, estés haciendo lo que estés haciendo y estés con quien estés. Eso te llevará a trabajar la atención para luego poder comer cuando estás comiendo o ducharte cuando te estás duchando".
Las 10 psicosoluciones
1. Identifica y deja pasar por tu mente las preguntas, las imágenes y los pensamientos trampa y ánclate en las acciones del presente.
2. Si no puedes dejar pasar el pensamiento trampa, utiliza la paradoja de acelerarlo para así ralentizarlo.
3. Somos lo que hacemos con lo que pensamos y sentimos.
4. Reconquistar todo aquello que los miedos nos quitan.
5. Las profecías catastróficas corren el riesgo de convertirse en profecías autocumplidas si nos rendimos ante ellas.
6. Sudar los pensamientos obsesivos.
7. Escribir para desparasitar los pensamientos obsesivos y bajar la fiebre del sentir.
8. Cerrar el pico.
9. Atente a la certeza de que no existen las certezas.
10. La duda es el motor del conocimiento, pero también de la obsesión.
GENTILEZA.- pepe coca